¿Cómo puedo ayudar a mi hijo si está comenzando a escribir?

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Tener un hijo es sin duda alguna un gran desafío, pero a la vez es el sentimiento más hermoso que alguien pueda experimentar, es que lo niños nos cambian la vida, sus sonrisas, sus ojos, todo en ellos es simplemente perfecto…

Ahora, si hablamos de los momentos importantes son muchos, desde que logra ponerse de pie sin tambalear hasta formar una palabra, todas son experiencias inolvidables y de hecho, una de ellas es cuando nuestro pequeño esta comenzando a escribir.

Lo primero que debes tener en cuenta es que no hay una edad determinante para que el niño aprenda a escribir, al contrario de lo que pasa con el desarrollo del pensamiento o el lenguaje. Sin embargo, una buena edad para aprender a escribir es entre los 3 y 5 años, pero hay que recordar que al final del proceso no hay que exigir a los pequeños a que lo hagan de una forma 100% correcta.

Por lo general un niño de esas edad se familiariza con los objetos que hay a su alrededor, a la vez desarrolla también las habilidades de dibujo y empieza a decir sus primeras palabras, pero para incentivarlo aún más es importante que interactúe de la  forma entretenida posible.

Por otro lado, es importante que los colegios sepan que no todos los niños avanzan en los mismo ritmos, por lo que es importante que se tengan en cuenta las diferencias de los alumnos.

Es importante también que sepas y entiendas que el punto de partida de la escritura es la grafomotricidad, que queire decir la precisión de los movimientos y coordinación entre el ojo y la mano. Esto se va adquiriendo de forma paulatina hasta lograr una mayor rapidez y control sobre los movimientos.

Puedes ayudar a tu hijo presentándole un lápiz, deja que lo investigue, que lo toque y ve ayudándole tanto a que lo afirme como a que haga pequeños trazos. También es importante que conozcan el soporte, es decir el papel, para que así el lápiz se vaya tornando una extensión de su cuerpo.

Debes tener en cuenta dos cosas, la primera es que el instrumento no puede ser ni muy duro ni blando, por lo que la mejor opción es que utilices una tiza, pintura de dedos o lápices de cera. En cuanto al soporte, éste debe ser grande, por lo que una pizarra o varias hojas blancas en el suelo serán ideales.