¿Cómo funcionan los seguros de escolaridad?

Cuando pensamos en el futuro, lo más probable es que nos visualicemos junto a nuestros hijos, acompañando su crecimiento. Queremos apuntalar cada uno de sus proyectos, gestionando la forma de hacer sus sueños realidad. Asimismo, tendemos a creernos imbatibles y poderosos, dando por descontado que seremos lo suficientemente longevos como para apoyarlos en todo.

Sin embargo, día a día los noticieros nos muestran a hombres y mujeres que se planteaban un futuro ahora inexistente. Un accidente, un vuelco del destino, una enfermedad repentina y ¡hasta ahí llegó la pretensión de ser eternos! Una situación terrible, cuyas consecuencias son igualmente funestas para el entorno, especialmente los más pequeños.

Si somos precavidos y dejamos a un lado la natural arrogancia de creernos invencibles, encontraremos en los seguros de escolaridad a excelentes aliados. Si la fatalidad llega a golpear nuestra vida, estas garantías proveerán a cada retoño sobreviviente un monto único y renta educacional, siempre y cuando estuvieren cursando estudios regulares al fallecer el titular. Con este dinero, les será posible costear gastos asociados a matrícula, arancel, traslado, colación y materiales que la entidad educacional exija para el normal desarrollo del su proceso educativo.

El seguro de escolaridad es de contratación voluntaria y constituye una sabia decisión parental: la de garantizar que los pupilos recibirán las herramientas necesarias para transformarse en personas de bien y explotar al máximo su potencial, aún en ausencia de sus tutores.

Si te has decidido a contratarlo, debes saber que usualmente las aseguradoras exigen una declaración de salud previa a la suscripción del contrato, ya que las enfermedades preexistentes no siempre están cubiertas. Tampoco las actividades riesgosas ni otras situaciones más extremas, tales como el suicidio o la participación en actos terroristas y/o delictivos. Pero descuida: si padeces alguna dolencia que pudiera impedirte contratar el seguro, acércate a tu institución de confianza y pregúntale a sus ejecutivos qué opciones pueden ofrecerte para asegurar la escolaridad de tus retoños.

Anímate a dar este importante y necesario paso. Puede llegar el día en que tus hijos te agradezcan calurosamente el haber pensado en ellos, permitiéndoles salir adelante frente a cualquier circunstancia.